lunes, julio 30, 2012

Life as a Sitcom.


Soy muy fan de F•R•I•E•N•D•S

Pero cuando digo fan, no me refiero a ese individuo que tapiza paredes con fotografías, que lleva un registro de la biografía de cada personaje, que se viste y se peina como alguno de ellos, de esos que en las estaciones de radio les gusta llamar "fan-de-a-de-veras", refiriéndose a idólatras que se han dejado enajenar por una banda o "artista", y para quienes diseñan trivias imposibles de contestar. Al decir que soy fan me refiero a que disfruté muchísimo la serie durante sus transmisiones originales y la sigo disfrutando en sus inagotables reruns. No es cuestión de que me canse o no de ver los episodios, sino que los disfruto como se disfrutan esas conversaciones con personas entrañables en las que todos se la pasan diciendo "¿y te acuerdas cuando... ?"

Hace tiempo compartí con mi novia una epifanía. "Nos veo en el futuro" le decía "como Paul y Jamie, de Mad About You", otra serie que me gusta, aunque no tanto como FRIENDS. Ella se mostró desconcertada. "Pero ellos son más como cuates, ¿no?" me contestó. Objetó que esa relación ficticia reflejaba más la comodidad de dos personas que cohabitan en un matrimonio que el amor apasionado de quienes se adoran independientemente de su estado civil. Aquella ocasión me reservé en la intimidad del pensamiento la idea de que ella estaba siendo ingenua al aspirar a un apasionamiento incesante e inagotable. Mi razonamiento era el siguiente: love is in the making, el hacer es movimiento (a veces de la voluntad, a veces de exigencia de las circunstancias) y no existe el movimiento perpetuo; al menos no el mismo tipo de movimiento entre los mismos agentes, y así como la energía, todo lo demás se transforma y la manera de vivir el amor no es la excepción. Por eso es que, a lo que yo aspiraba era a una relación dulce sin ser empalagosa, con sus momentos de ardiente deseo pero cálida la mayor parte del tiempo, apacible en términos generales sabiendo que inevitablemente estaría salpicada de ups and downs.

Las sitcoms están hechas en ese tono. Están llenas de personajes cuyas historias giran en torno a un eje de tranquilidad, de pertenencia, de felicidad diría yo. Independientemente de que les vaya mal a cada rato, tienen un cónyuge que l@s conoce y l@s ama o l@s tolera, un cómplice con quien pueden contar o desahogarse, un grupo de amig@s más o menos solidari@s, hij@s que por muchos dolores de cabeza que les causen vale la pena (intentar al menos) criar, educar, y hasta querer. Aun si carecieran de todo esto, los personajes de cualquier sitcom tienen por lo menos un leitmotiv que, si bien para uno como espectador justifica su aparición en la serie, de algún modo también le da al personaje mismo un sentido a su existencia.

Yo creo firmemente, que eso es lo que tiene un@ que buscar en la vida: ese cast de coprotagonistas, que no necesariamente actuarán todos ni todo el tiempo a favor de un@, de sus intenciones, expectativas ni deseos, pero que por muchas razones habrán de ejercer influencia en un@ con su interacción; eso y el dichoso leitmotiv. ¿Que qué cosa puede ser? Cualquiera. Cada un@ andamos rondando por aquí, operando de cierto modo en el mundo. Y podemos ser o no conscientes de ese modus operandi que nos caracteriza, pero eso da igual, el caso es que éste se despliega en su proceso y tal como deja huella, marca la dirección en la que vamos; lo cual no es más que paráfrasis de las palabras de Unamuno: se hace camino al andar.

Siendo un aleatoricista de hueso colorado, subestimo la majestad, la magnificencia, la grandiosidad, la excelsitud y el virtuosismo del individuo; por ello es que lo que expongo aquí, aunque pudiera parecer una apología de la mediocridad es más bien un llamado a la sensatez. Una convocatoria al reconocimiento de lo que ha de procurarse un@ en la vida. No todos sentimos el llamado para hacer algo por la comunidad, o por el país, o por el planeta. Tampoco poseemos las mismas capacidades ni cultivamos los mismos intereses. La "filosofía" de "está bien si quieres ser zapatero, pero sé el mejor zapatero" (o ya matizada, "sé el mejor zapatero que puedas ser"), salvo para algunos, es una ridícula ilusión. Como slogan está bien. Y no tengo nada en contra de la superación personal, mientras se tome como medio y no como fin. Seamos fans de lo que nos rodea en la vida, en lugar de desvivirnos por una fijación (sea en una cosa o en una persona). A lo que debemos aspirar es a una buena compañía y a un sentido en la vida. Easier said than done, but still.

3 comentarios:

Even Better dijo...

Este post sí me gusta, matarilerilerón!!!

Gilberto López dijo...

A mi me agrada de esas series el concepto de la amistad y el apoyo mutuo, aunque desafortunadamente suelen mostrar más ese apoyo con desconocidos que con la propia familia.

jorgeluis dijo...

¿Desafortunadamente? La familia es un espacio fortuito, no se elige. Tampoco se está obligado a anteponerla frente a todo lo demás. El apego familiar, cuando nace espontáneamente propicia un ambiente cálido, seguro y entrañable; en cambio cuando se le fuerza, puede ser absurdo, frío e incómodo, o incluso tedioso, insoportable y aborrecible. Tanto el ambiente familiar materno como el paterno, que nos ha tocado vivir, son buenos ejemplos. Yo prefiero querer a quien yo quiera y no a quien "debería".

Ahora, eso de preferir a alguien que ni se conoce, me parece propio de cuervos, ya sea la familia, el sujeto en cuestión o ambos. Ni en «Married with children» ni en «Two and a half men» he visto algo así, ¿pues tú qué series ves? ¿O a qué te referías con "desconocidos"?